07 mayo 2009

Gate 155 - Aeropuerto de Toronto, Canadá.




Puerta de embarque 155. Han cancelado mi vuelo a New Jersey por mal tiempo, pero me han transferido a otro que sale dentro de dos horas...parece que a este lado del charco controlan muy bien el tema de las inclemencias del tiempo y saben con certeza que dentro de dos horas será perfectamente seguro volar.

Estoy sentada en la moqueta de esta moderna y minimalista terminal, porque está muy limpia y porque necesito estirar las piernas!! Una hora antes me he dado una vuelta para escuadriñar esta pequeña muestra de Canadá, y mientras lo hago pienso en lo corto que se me ha hecho el viaje desde Madrid. Durante el vuelo intercontinental he dormido, comido, leído y visto una película de estreno en la pequeña pantalla de mi asiento en el avión. Me ha tocado sola, nadie en el asiento de al lado, bien!, no suele ocurrirme, así que aprovecho para campar a mis anchas. Pienso en las caras que ví en Barajas, en las personas anónimas que iban y venían cargados con sus maletas y dispuestos a emprender un viaje para mí desconocido, lo cual me ha atraído siempre. ¿Quiénes son esas personas?, ¿cuál es su historia?, ¿a dónde se dirigen?, ¿qué los lleva a viajar?...me gustaría que todos ellos me explicasen sus motivos. En este aeropuerto, a miles de kilómetros de aquél, se repiten las mismas expresiones, sólo que ahora poseen otros rasgos, rasgos característicos de otras razas y signos claros de otras culturas. Me gusta observarlos y de nuevo me pregunto a dónde van, porqué viajan, qué los mueve a subirse a un avión y confiar sus vidas a unos extraños.

Al llegar a Toronto paso por la aduana, me quito las zapas, el cinturón, la cadena con mi coronita de princesa, el Rosario que alguien muy especial me dejó un día y que llevo siempre conmigo desde entonces, saco el portátil de su funda y tiro la botella de agua, porque está prohibido pasar líquidos. Los agentes me miran y comentan animados entre sí. Cuando paso el control y empiezo a colocar cada cosa en su sitio uno de ellos, una mujer, señala mis pantalones y fascinada me dice que nunca había visto unos jeans así. Me pregunta dónde los he comprado. En España, le contesto. Ah!, me responde con una sonrisa, very nice. Yes, le replico, and very confortable. Llevo los vaqueros de Susa Plaza, los de tiro mega largo que sacó hace dos temporadas, si no recuerdo mal, inspirados en la indumentaria árabe. Curioso, y anecdótico cuanto menos. Pensaba que a este lado del charco ya lo habían visto todo.

La espera me da hambre y cambio 20€ en moneda canadiense para comprar algo de comida, y un boli. Lo necesito para escribir estas ideas que me pasan por la cabeza, porque luego, cuando quiera plasmarlas, no sabré por donde empezar, y tampoco quiero olvidarme de nada de lo que pueda pensar o sentir en este viaje. Pensar, sentir... sentimientos que intento identificar, nombrar, justificar... pero no puedo. No hay forma de atraparlos.


Sentada en el suelo, sobre la impoluta moqueta canadiense, leo El Alquimista, de Pablo Coehlo, que no es escritor de mi devoción, pero este libro en cuestión me está gustando, me hace reflexionar acerca de todo. Miro por el gran ventanal hacia las pistas de aterrizaje, observo la actividad de los operarios, los aviones que aterrizan y despegan, el vaivén de los cochecitos que transportan los equipajes....todo se mueve, todo cambia, lo que hoy es seguro, mañana ya no lo és....aunque de una cosa estoy bien segura: estoy preparada para lo que tenga que venir.




1 comentario:

Antonio dijo...

Buen comienzo, yo ya me he enganchado.
Y encima promocionando la spanish fashion, que te contraten de musa YA.