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12 junio 2009

Level 5: Eyes Wide Open

...mirar, observar, ojear,contemplar,descubrir, avizorar, curiosear,fisgar, otear, aprender, valorar, admirar, percibir, ver...

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Eastern District @ Brooklyn (sin c)
Claw Money Solo Aerosol Art Show - Spray It, Don't Say It


Claw Money, claw-work in process...




Her collaboration with jeweler Gabriel Urist to create a range
of peacock
feather earrings and pendants.


Claw Money first monograph, Bombshell:The Life and Crimes of Claw Money,
published by PowerHouse books.


With the artist...

Ros.Catwoman & Claw Money

01 junio 2009

Level 4: "Faster PussyCat!!"

La vida en la Gran Manzana pasa a una velocidad vertiginosa. Los días se suceden a un ritmo de locos, las calles están llenas de individuos ocupados que viven contrarreloj, como si de una cuenta atrás se tratara, dando paso a noches abiertas repletas de secretos por descubrir, porque la oscuridad de la noche es la mejor aliada en Nueva York.




Esclavos de las manillas del reloj, los New Yorkers planifican su vida al minuto, y tan solo los pasos relajados de los turistas marcan la diferencia en las grandes avenidas, los museos, las estaciones del metro o la Gran Central Terminal. Pero existen lugares donde el tiempo se detiene y donde ciertos sectores de esta ciudad comparten inquietudes y gustos. Yo he descubierto uno de estos lugares. No es chic, no está en el upper side y seguro que Carrie Bradshaw no lo ha pisado en su vida (...de ficción), pero estoy segura de que Patricia Field se ha inspirado en el estilo de la gente que lo frecuenta, un estilo muy personal, que responde a una necesidad de expresión que surge del interior.



Eastern District es un espacio de arte contemporáneo donde tienen cabida toda clase de artistas, exhibciones y performances. Aquí los artistas urbanos pueden exponer su obra, en un contexto que, aún fuera de su estado original, que es la calle, les permite dar a conocer otros aspectos de su trabajo, bajo otros formatos. Un espacio que admite la creatividad en todas sus formas, sobre las bases de la cultura urbana y sus elementos. Y aquí es donde pasé la noche de mi primer viernes en la ciudad.


Investigando las opciones de ocio que ofrece Nueva York, me encontré con la agradable sorpresa de que Claw Money (de la que me he declarado fan varias veces, y lo vuelvo a hacer, por si no ha quedado claro), presentaba un "Solo Aerosol Art Show" en la galería Eastern District, en Brooklyn (sin c) . Claw Money es una de las leyendas del graffiti que mejor se lo ha montado. Esta mujer es para mi el ejemplo de como una persona puede conseguir hacer de su vocación una forma de vida, un estilo, un negocio, una marca, en definitiva, que me recuerda que he de ser fiel a mis ideales y que con trabajo y constancia se puede conseguir cualquier cosa. Su "garra" lo ha conquistado todo. Editora de moda de Swindle magazine, consultora para marcas internacionales, diseñadora de unas fantasticas Vandals para Nike (que las quiero, las quiero, las quiero, las quiero, las quiero y las necesito)... y otras muchas cosas más, Claw inauguraba una muestra de su trabajo en la Eastern, y yo iba a estar presente, sí o sí.


Cogí la línea 4, luego hice transbordo en la L al llegar a la 14 con Union Square y me adentré en el barrio de Broocklyn. Al salir de la boca del metro pensé, "Buenoooo!! pero dónde estoy??", mientras mi respiración se aceleraba sin control. Caminé unos pasos hacia el cruce de calles y eché un vistazo a mi alrededor. Entonces empecé a ver graffitis, escuchar algo de música a lo lejos y a un par de yankees en patineta. "Bien, bien, este es el sitio"...y mi estado de atención pasó del nivel rojo de alarma al nivel ámbar de "stay aware".



Pregunté a un tipo, que estaba trabajando en un taller mecánico, por la calle en cuestión, y resulta que estaba justo al final del bloque. Mi ámbar "stay aware" bajaba a un verde esperanzador, tirando a oliva, que es más chic. Era mi primera incursión en la jungla, y había alcanzado mi objetivo sin contratiempos.





28 mayo 2009

Level 3: “I´ll take Manhattan!!”

La isla de Manhattan es el paradigma de la sociedad global, todas las razas, todas las culturas y todas las religiones tienen cabida en ella, en teoría. La práctica es otra cosa, pero no voy a entrar en eso ahora. Cada persona posee sus propios principios y actúa en consecuencia, no seré yo quien juzgue, aunque a veces, inconscientemente lo haga. Es entonces cuando me pregunto donde me he dejado olvidada la tolerancia que tanto reclamo para mi, e intento controlar esa naturaleza crítica que aflora en cualquier lugar, ante cualquier situación. Unas veces lo consigo, otras no puedo controlar esa inclinación que tenemos todos a estar en posesión de la verdad absoluta, de la razón más lógica, de la moral más alta, de la ética más justa. Todas estas cosas me planteo mientras camino por una de las avenidas principales de esta isla mega-cosmopolita que nada tiene que ver con la de Perdidos….. o si. Empiezo a preocuparme, tanto trascendentalismo no tiene que ser bueno.


La 5ª Avenida es un hervidero de New Yorkers estresados que se dirigen a sus trabajos, y turistas emocionados, que dirigen sus miradas hacia las alturas, doblando sus cuellos hasta el límite, buscando el encuadre perfecto para capturar los rascacielos que dibujan ese skyline que forma parte del imaginario occidental, y del oriental, para que limitarnos. Yo también doblo mi cuello y busco la aguja del Empire State Building. La niebla y la lluvia ocultan el observatorio, pero se intuye.

No puedo creer que vaya a pasar los próximos dos meses en la planta 26 de este mítico edificio, que junto al Chrysler, son dos de los iconos arquitectónicos del siglo XX que más me apasionan, y pensar que voy a pasearme por sus entrañas la mayor parte del día me produce vértigo, emoción, respeto, orgullo, ansiedad…



Y aunque ahora está siendo sometido a una importante y necesaria operación de cirugía de mantenimiento, todo el edificio conserva ese aura de misterio propio de la década de los treinta. Sus muros encierran secretos que forman parte de la historia de Nueva York, y de Estados Unidos.


El Empire State Building, junto a su competidor en altura, el Chrysler Building, son el legado de la época de la Gran Depresión, una reacción frente a los tiempos austeros que vivía el país, la fuerza de su sola presencia, la simetría de sus líneas, la grandiosidad de su ornamentación son la representación perfecta del Art Deco… por eso me apasiona tanto.



Y aunque el tiempo no está en sintonía con mi estado de ánimo, pues llueve y hace frío, la ilusión impide que mi cuerpo se vea afectado por estos pequeños inconvenientes climatológicos, a pesar de que llené la maleta de estilismos primaverales y estivales. Jamás hice una maleta tan poco acertada, pero me apaño con lo que tengo y desafío las inclemencias de este tiempo neoyorquino con una sonrisa y estupendamente…re-mona, como siempre. ;P


^.^

17 mayo 2009

Level 2: Génesis

A las seis de la mañana mi reloj interno me marca la hora de ponerse en marcha, a pesar de que la noche anterior no logré conciliar el sueño hasta pasadas la una de la madrugada. Estaba agotada por el viaje y era muy consciente de que los próximos días el "jet lag" iba a causar estragos en mi rutina diaria, un cambio drástico de horarios, hábitos y, sobre todo, de estilo de vida. Con todos estos pensamientos rondando por mi cabeza me era imposible desconectar, pero poco a poco el cansancio le fue ganando terreno a este cerebro inquieto.


Y de nuevo este cerebro inquieto despierta tempranero, me empuja a saltar de la cama, correr hacia la ducha y prepararme para un largo día repleto de novedades. Mi hermana y yo salimos de casa y corremos hasta la estación de tren de New Rochelle que , good for me, está a dos minutos!! de casa. Mientras avanzamos por el andén observo a la multitud que espera la llegada del tren, vaso de café en mano, con el único objetivo de conseguir un asiento para los próximos 31 minutos de viaje hasta Manhattan. Ni una mirada, ni una sonrisa, ni el más mínimo signo de complicidad, la masa sube al vagón, olfatea cual alimaña los sitios libres y se lanzan a su conquista. Por supuesto, la mayoría alcanza la gloria ansiada.


El tren entra en la Grand Central Terminal y nos preparamos para salir escopeteadas del vagón, como todos los demás, y buscar la salida a la calle 42, donde nos separamos para seguir cada una con nuestro dia en al ciudad. Subo hasta Bryant Park y giro en la 5ª Avenida, para ir a buscar el Empire State Building... mi lugar de trabajo durante los dos próximos meses!!!.

Camino emocionada, reconozco las calles desde la última vez que estuve en la Gran Manzana, hace dos años. Llego hasta Bryant Park, que parece bien distinto sin las carpas que lo ocupan durante la Fashion Week. Subo por la Quinta Avenida, sorteando al personal que camina a toda prisa y pienso en una ciudad habitada por más de ocho millones de personas, cuya área metropolitana acumula la actividad y el tránsito de casi 20 millones de personas, y sin embargo parece una ciudad sin alma donde el individualismo extremo prevalece sobre las relaciones sociales, base de toda metrópolis.

A pesar de los tropiezos con los viandantes, que no pronuncian siquiera un inaudible "sorry", a pesar de las prisas, de la lluvia y del frío, estoy contenta de estar en New York City. Y de camino al Empire State pienso en Mr.Sinatra, sonrío y canturreo: "...I want to wake up in a city that never sleeps, and find I'm a number one, top of the list, king of the hill, a number one...If I can make it there, I'll make it anywhere...New York, New Yooooooooooooooork!!!"

10 mayo 2009

Level 1: Tomando tierra.




La ciudad brilla de una forma mágica desde las alturas. Mil luces centellean con intensidad desde las calles mojadas, donde peatones y vehículos se mueven hacia una meta pre-establecida y nada les hace cambiar el rumbo.


En el Newark Liberty Airport el tumulto de las idas y venidas de viajeros y soñadores disminuye a estas horas. Las terminales están semivacías y el personal del aeropuerto posee esa actitud despreocupada y relajada del que sabe se acerca el final de una dura y estresante jornada de trabajo. Acudo a buscar mi equipaje. Espero frente a la cinta transportadora, conteniendo la respiración, deseando con todas mis fuerzas que no se haya "extraviado", algo muy frecuente en mi entorno últimamente. Aparece. Lanzo un suspiro de alivio y presurosa lo recojo. Aún me queda un trecho hasta la ciudad que nunca duerme. Fuera llueve y hace frío, pero no es el motivo del escalofrío que recorre mi cuerpo, desde los pies a la cabeza. Es un temblor familiar, el de la impresión y la emoción de estar en un lugar especial, que sugestiona mis cinco sentidos, que alerta mi mente para no perder ni un sólo detalle, que me prepara para absorberlo todo y procesarlo, hacerlo parte de mi.


Ya en el autobús a N.Y.C. las emociones se acentúan, van cobrando intensidad y me resulta más dificil controlar los pensamientos, que se precipitan libres, sin control, dentro de mi cabeza. Lo que ha de venir, lo que quedó atras, lo que permanece en mi corazón, lo que no se puede olvidar. La alegría de ver otro sueño cumplido, la certeza de saber que voy a aprovechar cada segundo de este viaje, la satisfacción de poder decir que no voy a defraudar a las personas que han confiado en mí al darme esta oportunidad, pero sobretodo, saber con toda seguridad que no voy a defraudarme a mí misma.


Durante el trayecto observo el movimiento de la ciudad, me fijo en las vallas publicitarias, los edificios, las aceras repletas de gente, el pavimento mojado que refleja la vida de sus calles, todo es diferente, pero igual. Llegamos a Grand Central y al bajar del autobús mi hermana está allí para recibirme. Otro motivo más de alegría. En casa está mi sobrina esperando a que llegue, no quiere acostarse hasta que mamá y la tía no hayan llegado. Su ilusión es la mía, un sentimiento incontrolable que prevalece sobre todo lo demás. En el tren hablamos de mil cosas, y al llegar, carrera, salto y súper abrazo y beso de la pequeña Carme. Un pequeño rayo de sol que ilumina la noche de tormenta y lluvia, un momento más para no olvidar.

Recién llegada, con las maletas aún por deshacer, trato de conciliar el sueño para enfrentarme a un mañana intenso. No puedo dormir, mi mente funciona al cien por cien, pero mi cuerpo no puede seguir en pie ni un minuto más. Hoy ha sido un día largo y el concubio espera a que me entregue sin condiciones. Y eso es lo que haré, dejarme caer en un sueño profundo, para poder despertar en la jungla de asfalto, dispuesta a conquistarla.

07 mayo 2009

Gate 155 - Aeropuerto de Toronto, Canadá.




Puerta de embarque 155. Han cancelado mi vuelo a New Jersey por mal tiempo, pero me han transferido a otro que sale dentro de dos horas...parece que a este lado del charco controlan muy bien el tema de las inclemencias del tiempo y saben con certeza que dentro de dos horas será perfectamente seguro volar.

Estoy sentada en la moqueta de esta moderna y minimalista terminal, porque está muy limpia y porque necesito estirar las piernas!! Una hora antes me he dado una vuelta para escuadriñar esta pequeña muestra de Canadá, y mientras lo hago pienso en lo corto que se me ha hecho el viaje desde Madrid. Durante el vuelo intercontinental he dormido, comido, leído y visto una película de estreno en la pequeña pantalla de mi asiento en el avión. Me ha tocado sola, nadie en el asiento de al lado, bien!, no suele ocurrirme, así que aprovecho para campar a mis anchas. Pienso en las caras que ví en Barajas, en las personas anónimas que iban y venían cargados con sus maletas y dispuestos a emprender un viaje para mí desconocido, lo cual me ha atraído siempre. ¿Quiénes son esas personas?, ¿cuál es su historia?, ¿a dónde se dirigen?, ¿qué los lleva a viajar?...me gustaría que todos ellos me explicasen sus motivos. En este aeropuerto, a miles de kilómetros de aquél, se repiten las mismas expresiones, sólo que ahora poseen otros rasgos, rasgos característicos de otras razas y signos claros de otras culturas. Me gusta observarlos y de nuevo me pregunto a dónde van, porqué viajan, qué los mueve a subirse a un avión y confiar sus vidas a unos extraños.

Al llegar a Toronto paso por la aduana, me quito las zapas, el cinturón, la cadena con mi coronita de princesa, el Rosario que alguien muy especial me dejó un día y que llevo siempre conmigo desde entonces, saco el portátil de su funda y tiro la botella de agua, porque está prohibido pasar líquidos. Los agentes me miran y comentan animados entre sí. Cuando paso el control y empiezo a colocar cada cosa en su sitio uno de ellos, una mujer, señala mis pantalones y fascinada me dice que nunca había visto unos jeans así. Me pregunta dónde los he comprado. En España, le contesto. Ah!, me responde con una sonrisa, very nice. Yes, le replico, and very confortable. Llevo los vaqueros de Susa Plaza, los de tiro mega largo que sacó hace dos temporadas, si no recuerdo mal, inspirados en la indumentaria árabe. Curioso, y anecdótico cuanto menos. Pensaba que a este lado del charco ya lo habían visto todo.

La espera me da hambre y cambio 20€ en moneda canadiense para comprar algo de comida, y un boli. Lo necesito para escribir estas ideas que me pasan por la cabeza, porque luego, cuando quiera plasmarlas, no sabré por donde empezar, y tampoco quiero olvidarme de nada de lo que pueda pensar o sentir en este viaje. Pensar, sentir... sentimientos que intento identificar, nombrar, justificar... pero no puedo. No hay forma de atraparlos.


Sentada en el suelo, sobre la impoluta moqueta canadiense, leo El Alquimista, de Pablo Coehlo, que no es escritor de mi devoción, pero este libro en cuestión me está gustando, me hace reflexionar acerca de todo. Miro por el gran ventanal hacia las pistas de aterrizaje, observo la actividad de los operarios, los aviones que aterrizan y despegan, el vaivén de los cochecitos que transportan los equipajes....todo se mueve, todo cambia, lo que hoy es seguro, mañana ya no lo és....aunque de una cosa estoy bien segura: estoy preparada para lo que tenga que venir.




25 febrero 2009

Otro Sueño Americano - Septiembre 2007

Nueva York. Martes, tres de Septiembre. Doce en punto de la mañana. Llego puntual a la cita, pero la cola para recoger las acreditaciones de prensa es más que considerable. Más de tres mil periodistas y fotógrafos se han acreditado para esta edición. Miro a mi alrededor. Me encuentro en el Bryan Park, situado en la calle cuarenta y dos con la Quinta Avenida, justo detrás de la biblioteca pública. Más de cuatrocientos operarios han trabajado sin descanso durante diez días para que las tres carpas, cuyas pasarelas juntas suman más de sesenta metros de longitud, estén listas para acoger a las más de cien mil personas que han de pasar por ellas durante la Semana de la Moda de Nueva York, el evento más esperado, glamuroso y chic de todos los que tienen lugar en la Gran Manzana.

La pasarela más internacional se adueña del Bryan Park por una semana, inundándolo de flashes, periodistas, modelos, celebrities, tacones, estilismos varios y, por supuesto, moda, todo bajo tres carpas colosales provistas de todas las comodidades imaginables para que el espectáculo sea todo un éxito. Y lo ha sido. Las escaleras de entrada al hall principal abarrotadas durante toda la jornada de los desfiles, los ocho días de la Fashion Week. Fotógrafos, periodistas, curiosos y, el día del desfile de Michael Kors, activistas pro derechos de los animales y en contra del uso de las pieles que este diseñador ha presentado en sus propuestas para la primavera del próximo año. Al entrar al hall una explosión de flashes me ciega por tres segundos, cuando logro recuperar la vista vislumbro un grupo de periodistas japoneses preguntándome nombre, profesión y marcas. “Designers from Valencia, Spain” digo orgullosa. Y durante toda la semana me fotografían cual celebrity en la alfombra roja. Y yo, por no decepcionar, me presento bien vestida, no de fiesta, como algunas, pero sí reivindicando el diseño español, y el valenciano, que es el que más de cerca me toca y con el que más a gusto me siento, he de ser franca. Y es que estos nipones saben mucho y tienen muy buen ojo, y buen gusto, y no han perdido detalle. Y así, fotografiada, y emocionada, me introduzco en el glamuroso universo de la New York Fashion Week.

Aunque acreditada como prensa, he tenido que lidiar con los relaciones públicas de los diseñadores para conseguir una invitación a los desfiles, pues dicha acreditación no te da libertad para entrar y salir de los shows como si nada, lo que ocurre en otras pasarelas. De manera que, confeccionada mi lista de prioridades, me dispongo a tratar con aquellos P.R. (public relations) como si lo llevara haciendo toda la vida. Y mis resultados me ha dado. Imposible conseguir invitaciones para los grandes, como Carolina Herrera, Dona Karan o Zac Posen, pero sí he conseguido ver propuestas muy interesantes de nombres hasta entonces para mi desconocidos y que me han gustado e impresionado sobremanera. 

Esta es una pequeña crónica de lo visto y asimilado durante la N.Y.F.W. Y empiezo por Alexander Herchcovich, diseñador brasileño, su estilo lo define como elegancia estrafalaria. Sus piezas son coloristas, divertidas y atrevidas, de confección impecable, no aptas para formales con miedo a los patrones difíciles. 

La firma Rag&Bone, de la mano de sus diseñadores David Neville y Marcus Wainwright, presenta una colección mixta muy chic, casual y refinada, que vive de las películas de Sean Connery de entre finales de los años 60 y principios de los 70, una época fresca y contemporánea, tal y como ellos explican. Toda clase de propuestas para todos los momentos del día. Sus colecciones están manufacturadas en Estados Unidos por un equipo con una larga trayectoria familiar en la industria, de lo cual están muy orgullosos. 

Carlos Miele es otro diseñador brasileño que utiliza los procesos artesanales de su oficio para crear prendas de un estudiado diseño y muy sexys. Siluetas ceñidas, piezas estructuradas y muy trabajadas, cortes al bies, dobladillos despuntados, trabajos de patchwork y un sinfín de detalles más. Sin duda una delicia para la vista y el tacto. Sari Gueron me impresionó por su elegancia sin pretensiones. La diseñadora israelita utiliza sedas, gasas y crepés en una colección mística y etérea. Importante resaltar los minivestidos que fluyen por el cuerpo apenas ceñidos en lugares estratégicos. Sus reminiscencias de los guardarropas de los años 20 y 30 atraen a celebrities como Scarlet Johanson o Natalie Portman. Sobran más explicaciones. 

Del desfile de Abaeté salgo entusiasmada. Esos aires cincuentones me han tocado la fibra y la combinación de colores y las geometrías me hacen sentir como en casa. Me gusta mucho el detalle de las cremalleras vistas, como un vivo negro y plata en vestidos, faldas, bañadores y bikinis. Su estilo abarca la feminidad francesa y la sensualidad brasileña en su fondo, y la simplicidad norteamericana en sus formas. Badgley Mischka es una de las firmas de moda en los E.E.U.U., y algo había visto ya de ellos. Pero, sin poder entrar al desfile, estando hasta la bandera, en el press lounge la pantalla plana gigantesca nos muestra a los simples mortales el porqué de su éxito. De tejidos ligeros y patrones sencillos, sus propuestas recuerdan a las jornadas de alfombra roja de la mano del glamour más tradicional, pero con aires contemporáneos: imitaciones de piedras preciosas, siluetas actuales y mucho escote. Aunque el mejor sabor me lo ha dejado la colección de Willow. Un lujo de espíritu libre, con vestidos de gasa, puntos de suave cachemire, chaquetas de volúmenes estudiados y un cromatismo sugerente y elegante, su estilo es el preferido de figuras como Nicole Kidman y Cate Blanchet. 
Mi balance al terminar, que la moda española nada tiene que envidiar a lo visto en la ciudad que nunca duerme, que a nivel organización tenemos mucho que aprender y que deberíamos tomar nota de la forma en que la ciudad apoya los eventos moda. Al fin y al cabo la moda es una forma de expresión artística que dice mucho de sus creadores y sus raíces y de la sociedad en general. 

Y así, entre el ir y venir de público y profesionales, estilismos imposibles, los tacones que cambiaba por zapatillas una vez salía del recinto y la gran pasarela que es en sí la propia ciudad de Nueva York, he tenido la ocasión de vivir mi propio sueño americano. Y espero que las ansias de investigación y conocimiento del mundo de la moda y el diseño, que me han empujado a cruzar el charco, continúen alentándome a llegar a cualquier parte del mundo en busca de nuevos estímulos y seguir transmitiendo esta pasión que siento por ellos.